‘La ciudad sin judíos’ desapareció en la
década de los 30 hasta que fue hallada en 2015 en un mercadillo en París.
La inflación y el paro están por las nubes
pero los habitantes de una ciudad de habla alemana tras la Primera Guerra
Mundial ya tienen un chivo expiatorio, la población judía, y una solución:
expulsarla. Esto que parece reflejar el antisemitismo del Tercer Reich es el
profético argumento de la película muda La ciudad sin judíos, estrenada en
1924, cuando el partido nazi todavía estaba prohibido y Adolf Hitler escribía
en la cárcel Mein Kampf.
Basada en una novela satírica del escritor
judío Hugo Bettauer, el largometraje desapareció en la década de los años 30
hasta que un coleccionista encontró una copia completa en 2015 en un mercadillo
de París. Ahora, casi 94 años después, la cinta restaurada se reestrenará el
próximo miércoles en el cine Metro de Viena. «La ciudad sin judíos no es
una película muda más, sino un muy temprano mensaje antinazi», y «la
primera obra visual dedicada en exclusiva a criticar el antisemitismo»,
explica el director gerente de Filmarchiv Austria, Nikolaus Wostry.
«El Filmarchiv es casi la biblioteca
nacional de las películas austríacas, por lo que tenemos un especial deber con
esta obra por su mensaje de tolerancia», agrega. La trama del filme
muestra no solo las circunstancias económicas que llevaron al auge del
antisemitismo, sino que también relata las consecuencias del éxodo de la
población judía de Viena, llamada Utopía en la cinta. La deportación de los
judíos se celebra con fuegos artificiales, pero la economía, lejos de mejorar,
se dirige a la ruina absoluta, el paro y la pobreza aumentan y la vida cultural
decae. Al final, los judíos son bienvenidos por la misma multitud que festejó
su partida. Cuando la realidad supera la ficción La realidad superó apenas 15
años después a la ficción, cuando los judíos fueron asesinados en masa en
campos de exterminio nazis. «En 1924 no se podía concebir que se pudiera
asesinar a personas de forma industrial. Esas imágenes no se encuentran en esta
película. En ese sentido no es una profecía de lo que sucedió, sino una llamada
a la tolerancia», reflexiona Wostry.
La nueva copia ofrece novedades frente a la
única versión incompleta conservada, hallada en 1991 en Amsterdam y que carecía
de final porque faltaba el último rollo del filme. En la versión restaurada se
observa la virulencia del antisemitismo desde el primer momento, incluidos
ataques físicos, y el final es una llamada a la tolerancia y la convivencia.
«Es una película muy inusual porque aborda el antisemitismo de forma
explícita. Y en una película eso tiene más impacto que en una novela, es más
visual», explica Wostry. La ficción muestra un final feliz con la vuelta
de la población judía, algo que contrasta con la realidad austríaca tras el
Holocausto, destaca el director gerente de Filmarchiv. Austria no sólo no ayudó
a los supervivientes del Holocausto sino que, critica el experto, tardó décadas
en reconocer su responsabilidad como Estado en el Holocausto.
«La población judía austríaca hizo una
enorme contribución a la cultura y la ciencia de este país. Posiblemente no hay
ningún otro país en Europa que deba tanto a su población judía», recuerda.
«Existe una contradicción en la historia de Austria», expone Wostry,
y afirma que su país suele identificarse con artistas y científicos judíos,
como Sigmund Freud, el «padre del psicoanálisis», o el escritor y
dramaturgo Arthur Schnitzler, pero afrontó de mala gana su historial
antisemita. Restauración gracias al micromecenazgo
La cinta se ha podido restaurar gracias a
una campaña de micromecenazgo que logró reunir en 2016 más de 75.000 euros.
Wostry no oculta su decepción porque no hubiera fondos públicos para restaurar
una película tan importante, pero se muestra muy orgulloso de la gran respuesta
de la sociedad civil. La restauración es también importante por su actualidad,
resalta, ya que la película habla de las desastrosas consecuencias de demonizar
a una minoría y eso se aplica tanto entonces como ahora, cuando crecen las
tendencias nacionalistas en Europa.
El estreno en 1924 de La
ciudad sin judíos causó protestas de simpatizantes nazis y hubo incluso
agresiones contra quienes iban a ver la película. La cinta marcó la vida de
muchos de los que tuvieron que ver con ella: Bettauer, el autor de la novela
que la inspiró, fue asesinado por un nazi meses después del estreno. El
director y guionista, Hans Karl Breslauer, no volvió a dirigir y murió en la
pobreza en 1965. La coguionista Ida Jenbach fue deportada al gueto de Minsk y
murió allí en 1941. Y en un cruce de destinos, el actor que interpretó al
protagonista judío de la película, Johannes Riemann, se afilió al partido nazi
y en 1944 llegó a actuar para las SS en Auschwitz. Por el contrario, Hans
Moser, que encarnó a un furibundo antisemita, se negó durante el régimen nazi a
divorciarse de su esposa judía.
La película perdida que profetizó el ascenso nazi se reestrena 94 años después
20/Mar/2018
20 Minutos, España